Clase media en Quito: la realidad detrás de los ingresos de familias y de los jóvenes
12 de agosto de 2026

Clase media en Quito: la realidad detrás de los ingresos de familias y de los jóvenes

Hay una escena que se repite en miles de hogares de Quito. Dos personas trabajan, pagan arriendo o una hipoteca, hacen cuentas para cubrir la canasta básica, intentan ahorrar algo para el futuro. Aún así, sienten que cualquier imprevisto, como un despido, una enfermedad, una emergencia familiar, podría desordenarlo todo.

La intuición no estaba equivocada.

Un estudio del Instituto de Investigaciones de la Ciudad (IIC), titulado ‘La clase media en Quito: conceptualización, fragilidad y evidencia (2018-2025)’, concluye que Quito parece una ciudad mayoritariamente de clase media cuando se la mide por ingresos, pero deja de serlo cuando se la mide por estabilidad real.

Ese contraste es el hallazgo más potente de la investigación y ayuda a explicar por qué tantos hogares sienten que avanzaron, pero todavía no pueden relajarse.

La gran ilusión de la clase media quiteña

Si se utiliza la metodología monetaria del Banco Mundial, el 58,7% de los quiteños pertenece a la clase media. Es decir, casi seis de cada diez habitantes.

Para que una familia pueda ser considerada clase media, según esa metodología, el ingreso diario por persona debe ser de al menos $17 y hasta $98,36.

Pero cuando el estudio incorpora elementos como empleo estable, seguridad social, vivienda, patrimonio, ahorro y educación superior, la cifra cambia de manera drástica: solo el 41,9% puede considerarse clase media desde una perspectiva de estabilidad social.

La diferencia es de 16,8 puntos porcentuales. Traducido al lenguaje cotidiano: casi uno de cada seis quiteños parece clase media por lo que gana, pero no lo es por la capacidad real que tiene para sostener ese bienestar en el tiempo.

El estudio lo resume con una idea contundente: “Medir la clase media sin diferenciarla llevaría a tratar como equivalentes a hogares que, pese a compartir un nivel de ingreso, tienen posibilidades muy distintas de mantenerse donde están”.

Quito: la ciudad donde la clase media se volvió frágil

El estudio propone mirar a la clase media como si fuera una escalera con tres peldaños.

El primero es la clase media vulnerable, integrada por hogares que alcanzan el ingreso requerido, pero carecen de los factores que les darían estabilidad. Eso factores son los antes mencionados: empleo estable, seguridad social, vivienda, patrimonio, ahorro y educación superior.

El segundo es la clase media en proceso, que ya ha consolidado parte de esas condiciones, aunque sigue expuesta a retrocesos.

El tercero es la clase media consolidada, formada por hogares que, además de sus ingresos, generan ahorro, acumulan activos y cuentan con mecanismos de protección como inversiones, varias fuentes de ingreso, entre otro.

La sorpresa es que la mitad de la clase media quiteña está atrapada en el primer peldaño.

Dentro del 41,9% de clase media identificado por el estudio en Quito, el 50,6% corresponde a clase media vulnerable, el 35,2% está en proceso de consolidación y solo el 14,2% puede considerarse realmente consolidado.

En otras palabras, apenas uno de cada siete hogares de clase media disfruta de una estabilidad relativamente sólida.

“La realidad es que Quito tiene una clase media que pende de un hilo, sin suficientes herramientas para protegerse de crisis e imprevistos. Sus ingresos apenas cubren lo más básico y viven sin colchón financiero. Aunque la economía capitalina es más formal, las condiciones laborales también son inestables y sin cobertura”, acotó Verónica González, economista y emprendedora.

El otro rostro de la clase media en Quito: sin ahorro, vivienda ni seguridad social

El estudio desarma el concepto tradicional de clase media mostrando todo lo que muchos hogares no tienen.

Entre los hogares de clase media vulnerable:

  • 88,9% no tiene afiliación a la seguridad social.
  • 71,4% no posee vivienda propia.
  • 62,3% no cuenta con educación superior en el hogar.
  • 56,8% no logra generar ahorro o excedentes.
  • 44,1% trabaja en condiciones laborales inestables.
Es decir, un hogar puede ganar lo suficiente para ser clasificado como clase media y, al mismo tiempo, vivir sin el “colchón” que le permitiría resistir una crisis.

Como plantea el estudio, “cuando el ingreso se acompaña de estos factores, un hogar puede afrontar una dificultad económica sin ver comprometido de inmediato su nivel de vida; cuando falta ese acompañamiento, la misma posición se vuelve inestable”.

Los jóvenes quiteños: más cerca de la vulnerabilidad que de la estabilidad

Los jóvenes aparecen como uno de los grupos donde la fragilidad de la clase media es más evidente. En Quito, el 41,5% de las personas entre 18 y 29 años pertenece a la clase media vulnerable, mientras que solo el 6,5% está en proceso de consolidación y apenas el 0,6% ha logrado una clase media realmente consolidada. Dicho de otro modo: 9 de cada 10 jóvenes quiteños todavía no alcanzan una posición de clase media estable.

Muchos de ellos lograron superar la pobreza monetaria, tienen estudios, trabajan y consumen como clase media, pero no logran comprar vivienda, ahorrar de forma sostenida ni acceder a un empleo suficientemente estable. El propio estudio advierte que esta situación refleja, en gran medida, la posición económica del hogar en el que viven y concluye que “la estructura social de Quito no se transforma ni entre generaciones ni a lo largo del tiempo”.

La investigación recuerda que la clase media no es solo una fotografía del ingreso, sino también “una forma de relación con el futuro, caracterizada por la capacidad de anticipar, gestionar y amortiguar los riesgos”. Ese futuro es precisamente lo que resulta más difícil para una parte importante de los hogares jóvenes: planificar una familia, invertir, emprender o simplemente sentirse protegido frente a un shock económico.

El mapa de la estabilidad en Quito

La fragilidad tampoco se distribuye de manera uniforme. El estudio identifica un mapa de la estabilidad dentro de Quito y muestra que el norte de la ciudad concentra una mayor proporción de hogares de clase media consolidada, mientras que el sur y las periferias reúnen una presencia mucho mayor de clase media vulnerable.

Aunque la investigación no publica porcentajes por cada zona, sí evidencia que el lugar donde vives en Quito influye en el acceso al empleo formal, la educación, el transporte, los servicios y las oportunidades para acumular patrimonio. En términos simples, el barrio puede acercar o alejar a un hogar de la estabilidad económica, porque la clase media no depende solo del ingreso, sino también de las condiciones que permiten sostener ese bienestar en el tiempo. (JS)

Fuente: La Hora

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