
El verdadero 'Godzilla' no es el fenómeno de 'El Niño', sino un Ecuador desarmado ante la gestión de riesgos
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Hay quienes aducen que el fenómeno de El Niño de 1877-1878 fue tan devastador que provocó una hambruna en la India que mató a millones de personas, y una sequía inclemente en Brasil, China y el sur de África. Hasta se sugiere que esto contribuyó a la racha de malas cosechas en Europa que coadyuvaron al descontento que terminó en la Revolución Francesa. Más atrás en el tiempo, al travieso Niño le atribuyen las crisis políticas y económicas del antiguo Egipto o la caída de civilizaciones indígenas en Perú. Las predicciones de 2026 han hecho a muchos hablar de un ‘Súper Niño o Godzilla’ similar o mayor al registrado hace siglo y medio, que se formaría en los próximos meses y podría impactar a Ecuador.
Pero hay mucho de exageración y falta de información en aquello, alerta Franklin Ormaza, PH.D. en Oceanografía y profesor de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar de la Espol. Explica que, a finales de 1800, el planeta salía de una mini era glacial que comenzó un siglo antes. Eso provocó afectaciones al clima que repercutieron en las cosechas y consecuente hambruna. “El Niño profundizó eso, pero no fue la razón principal y eso está ampliamente documentado”, dice el experto.
Ormaza añade que hay que diferenciar dos cosas. La primera, que el fenómeno de El Niño se produce en el océano Pacífico a ocho mil kilómetros de distancia del Ecuador, y que puede ser débil, moderado o fuerte, pero no Godzilla. Lo segundo es que, independientemente de la fuerza del fenómeno, no siempre esa severidad se refleja en nuestro país. En 2015 y en 2023-2024 hubo Niños fuertes, pero en Ecuador no se registró mayor repercusión. ¿Cuándo lo sabremos? Todo depende de cómo se configure la temperatura del mar y otras variables entre julio y octubre, y que se infle o desinfle la previsión. Por eso, los estragos a Ecuador llegarían en diciembre y se sentirían hasta mayo.
De todos modos, el único ‘Godzilla’ hasta ahora es la crisis del país: carreteras en mal estado, falta de empleo e informalidad, crisis en los hospitales, inseguridad y violencia, canibalismo político, y otros tantos males que, junto con impactos de El Niño, se convertirían en un coctel para el desastre.
Ecuador no puede ni enfrentar un invierno: según datos de la Secretaría de Gestión de Riesgos, en los primeros meses del año, las lluvias cobraron la vida de 17 personas, dejaron 119 mil afectados, destruyeron 33 puentes y acabaron con 79 kilómetros de carreteras. Y cada año la situación es la misma. Si unos días consecutivos de lluvias hicieron eso, ¿qué pasará con un Niño que cause estragos por ocho o nueve meses?
Un plan para enfrentar El Niño que se cayó
El mejor registro de lo que puede hacer El Niño en Ecuador es 1997-1998, cuando las afectaciones al país superaron los USD 2.800 millones y una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 17 por ciento. En comparación, el primer año de pandemia significó una caída del PIB cercana al ocho por ciento y, en 2024, un ajuste del dos por ciento por la crisis energética y los apagones.Mientras en Perú, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial estima pérdidas de más de USD 85 millonesdiarios con un Niño moderado, con desglose por cada sector productivo, en Ecuador todavía no hay previsiones. Lo más cercano es un informe de 2023, cuando también se encendieron las alertas por un ‘Súper Niño’ que no impactó a nuestro país. Eso obligó al gobierno de Guillermo Lasso a elaborar un plan que estimaba casi USD 3.800 millones en pérdidas en ciertos sectores.
El “Plan de Acción ante el Fenómeno de El Niño 2023-2024” delineaba las acciones y sinergias entre todas las instituciones del gobierno, municipios y prefecturas, con inversiones por más de USD 760 millones para mitigar los impactos. En el papel la idea sonaba muy bien, pero en la práctica nunca se concretó. “Nunca se definió si ese dinero provendría de líneas de crédito de multilaterales o de dónde y aquí estamos de nuevo ante otra alerta y nada ha cambiado”, cuestiona Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales en Gestión de Riesgos del Ecuador.
“No solo hablamos de pérdidas económicas. Ecuador es un país que no trabaja con lógica de gestión de riesgos, sino de reacción. Se espera que pasen las cosas, para tomar acciones. Por ejemplo, dónde están los escenarios del Ministerio de Salud que diga en tanto por ciento se pueden incrementar las enfermedades tropicales como zika, chikungunya, cólera, etc., y en función de eso tengo tal plan de prevención. O cuántos niños no van a poder ir a la escuela”, dice Velasco. Menciona tres aspectos que muestran esta realidad.
Primero, a cargo de enfrentar este problema el gobierno puso al Comité de Operaciones de Emergencia que trabaja cuando un evento está ocurriendo. El país tiene un Comité Nacional de Reducción de Riesgos, que es desde donde se deberían implementar las acciones de prevención, pero ahí está pintado.
Segundo, la Secretaría de Riesgos tenía un presupuesto de USD 34 millones en 2023, que se redujo a 19 en 2024 y no ha aumentado hasta este año.
Y tercero, hace un par de años se expidió la Ley de Gestión Integral de Riesgos que a nadie parece importarle.
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